Nosotras

Mujer corriendo con ropa de Petalys

Empecé tarde a correr, nunca creí que lo conseguiría. Vivía una etapa en la que por mí ya no pasaban los años, se quedaban. Y lo mismo ocurría con mis kilos, que también se quedaban. El efecto de la gravedad había empezado a hacer estragos en mi cuerpo. Todo en mí se caía y ya no me sentía atractiva. Pensaba que ya no había vuelta atrás.

Entonces sucedió algo que cambió mi vida. Quiso la casualidad que un domingo, coincidiendo con la media maratón que se celebra cada año en mi localidad de residencia, observara a una señora corriendo por delante de una ambulancia. Se acercaba en última posición hacia la meta.

Esa mujer se convirtió desde entonces en el referente de mi nueva vida, sobre todo tras enterarme de que una media maratón consta de 21.097 metros. Aquella señora podría tener la edad de mi madre. En cambio, su evidente sobrepeso poco tenía que ver con mis kilitos de más.

Sentí mucha admiración por ella y una mezcla de vergüenza y de compasión por mí. Me daba cuenta de que aquella mujer no llegaba a la meta por sus condiciones físicas. Lo hacía por una fuerza superior que le ayudaba a avanzar con determinación hacia la conquista de su reto. Más tarde descubrí que a esa fuerza se le llama voluntad.

Aquella señora me salvó de la rutina y de una vida anodina. Me convencí de que si ella lo podía hacer, una mujer con 39 años y sin ningún problema de salud, como yo, también tendría que poder.

Lo hice poco a poco, sin prisas. Cada día, un pasito más. Un gran sacrificio por el que hemos pasado todas. Hasta que un buen día notas que ese esfuerzo está dando sus frutos y piensas en lo que habrías disfrutado con 20 años si hubieras tenido ese estado de forma, ese vigor y esas ganas de vivir. Sólo lamentas no haberte dado cuenta antes de todos los beneficios que te aporta correr.

¡Y cómo nos cambia la vida! Descubres ahora que por más alto que coloques el listón te resulta fácil superarlo. Porque ésta es la otra parte positiva del running: te hace enfrentarte a desafíos en tu día a día que antes ni siquiera te llegabas a plantear. Alguien dijo una vez que podrás conseguir todo aquello que seas capaz de imaginar. Ahora sí que lo tengo claro.

Superada esa primera fase de adaptación a la actividad, empecé a marcarme metas de distancia. Celebré mucho mis primeros 5 kilómetros corriendo sin parar. Era la distancia de ida y vuelta a la localidad más cercana a mi casa. Lograr los 10 y más tarde los 12, también supusieron para mí un hito. Más tarde llegaron las carreras, cuando las mujeres aún recibíamos aquellas miradas de “qué hace una chica como tú en un sitio como éste”. Hablo de 2010, tampoco estoy hablando de la prehistoria, pero hay que reconocer que en este corto período de tiempo las mujeres nos hemos echado a la calle para correr y, por suerte para nosotras, todo ha cambiado para bien.

Recuerdo que por aquellos tiempos uno de mis principales caballos de batalla era la ropa. Los modelos que encontraba no habían sido concebidos pensando en la anatomía de la mujer. No era ropa adaptada para nuestros cuerpos en ningún sentido: ni en el estético ni en el técnico. Diría que eran adaptaciones de color y poco más de colecciones de running diseñadas para hombres. Además, era muy habitual comprar una prenda y encontrarme a alguna amiga o conocida con el mismo ‘modelito’.

También en esto las cosas han cambiado. A la mayor oferta de las marcas tradicionales se han unido un buen número de colecciones de running de las tiendas de gran consumo, facilitando el acceso a una gran variedad de modelos de prendas.

Sin embargo, y a pesar de la suculenta oferta que ahora tenemos a nuestro alcance, había algo que seguía sin llenarme que tenía que ver con la estética de la ropa.

Pensando un día en ello me pregunté: si cuando vamos a hacer la compra, a llevar los niños al colegio o a tomar un café con una amiga nos gusta vestir monas para sentirnos bien con nosotras mismas, ¿es que no tenemos derecho a sentirnos guapas y especiales también cuando salimos a correr?

La respuesta era obvia: sí, por supuesto que lo tenemos.

Así que desde ese día empecé a garabatear en servilletas de papel, cuadernos viejos con hojas aún por rellenar, folios usados con las traseras en blanco…Cualquier pedazo de papel con espacio libre para dibujar era válido para mí.

Fui creando poco a poco un proyecto de marca que pudiera dar respuesta a mujeres que, como yo, esperaban ‘algo más’ de la ropa deportiva femenina.

Me di cuenta de que en el mercado no existe ni una sola marca de ropa de deporte que sea identificable. Si les tapamos el logo, son todas ellas intercambiables entre sí, porque carecen de un estilo propio.

Fue en este momento cuando descubrí lo que llevaba tanto tiempo buscando. Pensé que, si tú y yo somos capaces de identificar ciertas marcas de moda sólo con mirarlas y de enamorarnos de ellas por su estilo, de la misma manera se podría crear una marca deportiva con una personalidad definida y reconocible con la que pudiéramos estar identificadas. Una línea de ropa de running con la que nos sintiéramos cómodas y atractivas mientras practicamos nuestro deporte.

A partir de aquí fue todo mucho más sencillo. Hablé con mujeres corredoras de mi entorno, les pregunté acerca de sus gustos y necesidades y descubrí la importancia que para ellas también tenía poder salir a correr con prendas con las que se sintieran identificadas.

Para entonces ya estaba definido el estilo. Preparé un borrador de imágenes con mis estampaciones que fui mostrando a mi entorno runner. La estupenda acogida que tuvo esta idea me hizo comprender que iba por el buen camino.

Había llegado el momento de poner el proyecto en manos de profesionales. Para mí era fundamental rodearme de mujeres que dominaran sus respectivas áreas y que estuviesen familiarizadas con el mundo del deporte. De esta manera logré el equipo de colaboradoras perfecto: mujeres que conocen en primera persona nuestras necesidades como corredoras.

Ellas han puesto desde entonces lo mejor de sí mismas al servicio de Petalys para hacer realidad un sueño del que tú ya puedes disfrutar.